Recuerdo que desde que era muy chica, mis papás me decían que cuando fuese mayor podría estudiar lo que quisiese. En realidad, creo que todos hemos recibido las mismas palabras de nuestros padres cuando somos niños pequeños, pero cuando crecemos, el discurso se va deformando de a poco. Desde que tengo uso de razón recuerdo haber querido ser artista; primero quería ser pintora, luego diseñadora de modas, luego de decoradora, y así millones de profesiones que me llamaban la atención antes de llegar a la adolescencia. Cuando ya tenía cerca de catorce y quince años, mis papás fueron cambiando el discurso sobre qué debería estudiar, porque yo quería ser diseñadora de modas. El argumento más consistente era que en Chile no había campo para estudiar algo así, así que mis ganas de ser diseñadora se terminaron por esfumar, y de esta forma empezó un recorrido largo por elegir una carrera que realmente me gustase, y que no fuese diseño de modas.

La primera que llamó mi atención fue Nutrición, y ahora que lo pienso bien, no sé qué estaba pasando por mi cabeza cuando tomé en cuenta esa carrera, porque siempre he sufrido de problemas con mi peso, y además siempre he odiado biología. Gracias al cielo me di cuenta que no me gustaba cuando tenía quince años. Luego pasé a Prevención de riesgos, me pregunto de nuevo porqué tuve en consideración esta otra carrera cuando ¡Odio las matemáticas! Seguramente fue porque la carrera era corta y el sueldo estimado era bueno. Nuevamente agradezco haber recapacitado antes de llegar a finales del colegio. Me pasó lo mismo con Enfermería, Biología marina, Derecho, Trabajo social, y también por muchas ingenierías que no tenía idea sobre qué iban.
Cuando ya estaba desesperanzada y media triste por no poder elegir, llegó una charla maravillosa a mi colegio sobre qué carrera elegir para entrar a la universidad, y fue ahí donde empecé a preguntarme para qué era buena. Recuerdo que en esa época me dedicaba a oír los problemas de mis amigas y a aconsejarlas o hacerlas sentir bien dependiendo de la ocasión, y siempre todas, absolutamente todas quedaban agradecidas por mi ayuda, incluso yo misma podía notar el cambio de actitud de su parte para que las cosas sucedieran mejor, así que tenía claro que era buena escuchando a los demás. De esta forma llegué a la carrera de Psicología cuando tenía dieciséis años. Desde ese momento todo parecía tomar un rumbo estupendo, o eso creía; mis papás aceptaban la carrera, a pesar de decirme constantemente que habían muchos psicólogos en la faz de la tierra; habían muchas universidades tanto estatales como privadas donde podía elegir estudiar, y finalmente la malla de la carrera me gustaba mucho, a pesar de que odiaba la biología.
Pero no todo podía ser color de rosas. Cuando estaba en mi último año de colegio descubrí algo que me gustaba mucho: la fotografía. Recuerdo que empecé a tomar fotos cada vez que podía, y me sorprendía lo bien que se podía retratar un momento con un solo clic y que ese momento quedase congelado en el tiempo por siempre. Ese mismo año pedí mi cámara como regalo de graduación, y mis papás me la dieron sin oponerse en lo absoluto, pero en ese entonces ya tenía dudas sobre si estudiar psicología era lo que yo realmente quería.
Recuerdo bien el día en que me matriculé en la universidad. Fui a una feria de universidades y vi varias opciones antes de elegir; pregunté sobre los beneficios, a pesar de que ya estaba más o menos orientada en cuál quería quedar. Pero sucedió algo que no me esperé. En uno de los puestos de universidades, estaba el Instituto ARCOS, y cuando lo vi me quedé varios minutos mirando la parte donde tenían las cámaras. Mi mamá se fijó en qué miraba y me dijo "Matricúlate ahí", yo media aturdida me negué rotundamente de forma automática, pero a los segundos ya estaba arrepentida de mi decisión.
Me terminé por matricular en una universidad privada que me cubría el resto del dinero que el crédito por aval del estado no me cubría, en pocas palabras estaba estudiando 'casi gratis'. Mis papás estaban felices, porque no tendrían que pagar absolutamente nada, y toda mi familia parecía orgullosa de que hubiese tomado la decisión. Pero el bichito artístico seguía picándome fuerte en la razón, por más que intentase ignorarlo.
Y fue así como llegó marzo; mi primer mes en la universidad. Cuando llegué a mi primer día me costó un montón conocer a alguien con quién hablar (soy completamente asocial cuando estoy sola), sin embargo, dos chicas se me acercaron y la conversación fluyó sola. Los estudiantes de psicología éramos cerca de 120. ¿Pueden creerlo? 120 alumnos de psicología, cerca de tres secciones (cursos). Bien, siguiendo con el asunto de la carrera universitaria, mentiría si dijese que el primer día me sentí super cómoda, y mentiría aún más si dijese que sentía que ese era mi lugar. Extrañamente sentí rechazo a la universidad, como si mi intuición me dijera a gritos que en realidad no quería estudiar psicología, pero creí que quizás era sólo un miedo de estar sola. Me equivoqué completamente. A medida que pasaba el mes, odiaba cada asignatura que tenía; las encontraba tontas, no entendía absolutamente nada de las 67348324928349023049 páginas que había que leer los fines de semana, y además me irritaba con facilidad al oír que todos mis compañeros decían constantemente "Nunca había sido tan fácil estudiar". Y no sólo eso, sino que desde que empecé a irritarme con la universidad, dejé de escuchar a las demás personas, y la idea de oír todo el resto de mi vida los problemas de los demás, me causó un rechazo que nadie que no ha estado en mis zapatos, sería capaz de entender.
Fue la primera vez en mi vida que sentí que me apagué, que sentía que nada podría ser peor que estudiar eso, y me odiaba todos los días por no haber estudiado fotografía como mi alma me lo pedía. Y me decidí finalmente a tomar la decisión de salirme de la carrera, cuando llevaba recién un mes. Siempre he sido muy independiente en cuanto a mis decisiones, y mis papás han respetado eso, así que cuando me salí de la universidad, por más que ellos no quisiesen y estuviesen en contra, no dijeron absolutamente nada. Y ¿les soy sincera? Ha sido la mejor decisión que he tomado en mi corta vida.
Si bien, no entré a estudiar fotografía como tanto añoraba, entré a estudiar Cine, luego de darle muchas vueltas a las cosas que amo hacer (amo escribir, tomar fotografías, leer, mostrar puntos de vista, etc), me decidí finalmente, porque reunía todas esas cosas que adoro hacer con mi alma. Y no me arrepiento en lo absoluto de haber elegido mi carrera, porque la amo con todo mi ser, y me ha ensañado un montón de cosas que no hubiese aprendido estudiando psicología.
Así que gente, les dejaré un par de tips sobre cómo escoger una carrera universitaria que los haga felices.
1.- No elijas una carrera porque los demás dicen que eres bueno para esa carrera: No porque dibujes bien, significa que dibujar te hace feliz, no porque seas bueno en matemáticas, significa que debes estudiar ingeniería, no porque todos digan que eres bueno con la biología, significa que debas ser biólogo, y así un montón de carreras más. NO, NO, NO. La carrera la deben elegir porque saben que eso que harán los llena completamente. Hagan los que ustedes sientan que los hace feliz, y no lo que los demás digan que ustedes hacen bien.
2.- Si no sabes qué estudiar, indaga en tus gustos; ahí está la respuesta. Aunque ustedes no lo crean, elegir una carrera universitaria es más fácil de lo que suponen, y sí, sonará algo cliché, pero de verdad tienen que ver en su interior. Si te gusta bailar, estudia danza; si amas el mar, estudia biología marina; si te gusta leer y escribir; estudia literatura. Sólo debes buscar lo que más te guste y más te haga sentir feliz.
3.- No le tengas miedo a las estadísticas. Y con esto me refiero a las estadísticas de empleo y ganancias. Sé que hay muchísimas personas en el mundo que sacrifican lo que aman por estudiar una carrera que a largo plazo les dará mucho dinero, pero son estas mismas personas las que no andan felices cuando se trata de trabajo. Soy de la firme creencia de que cuando haces algo con el corazón y con todas tus ganas, las oportunidades aparecen solas, y así la calidad de vida. Es por eso que si deseas estudiar algo que no tiene mucha empleabilidad ¡No tengas miedo! Si haces lo que amas, las oportunidades de ser alguien grande aparecerán sin darte cuenta, porque estarás hecho para hacer eso, y todos lo notarán. Así que sin miedo, y a trabajar con todo el corazón.
4.- Se firme. Sé lo difícil que es no sentirte apoyada por tu propia familia en cuanto a la elección de tu carrera, y sé que cuesta mucho en esos momentos seguir nuestro corazón, cuando las personas que más amamos no nos apoyan, pero querámoslo o no, esas personas no son nosotros, y no viven nuestras vidas. Eres tú el que tiene que ser feliz, tú el que te conoce más que nadie, y, aquí remarco, SÓLO TÚ PUEDES ELEGIR TU CAMINO. Así que si no tienes el apoyo que deseas, te armas de valor, y tú mismo te haces tu propio apoyo, porque eres tú el que tiene que ser feliz, no tu familia. Tu vida, tus decisiones, tu felicidad, así que se firme en cuanto lo que quieres, y créeme, que cuando llegues alto, y todas esas personas te vean feliz por tu decisión, se arrepentirán de no haber confiado en ti.
5.- No sólo existen las carreras universitarias. Hay millones de profesiones que no tiene carrera universitaria, y no por eso son menos valiosas y menos importantes. Maquillista, cajera bancaria, policía, vendedor, secretaria, etc. Así que no te estreses si no encuentras lo que te gusta en una universidad, hay muchos lugares donde sí pueden impartir lo que tú andas buscando.
6.- Que no te importen las críticas y malos comentarios sobre lo que quieres estudiar. Y este es un tema muy recurrente entre las personas que eligen y eligieron una carrera o profesión que no es convencional. Hagas lo que hagas, siempre recibirás críticas por lo que sea que elijas; si eliges derecho, te dirán que eres el abogado del diablo por defender a gente culpable, si estudias ingeniería, seguramente te digan que eres un flojo, porque las personas hacen el trabajo por ti; si estudias artes, te dirán que te morirás de hambre, y así con todas las carreras del mundo. A lo que voy es que hay personas que constantemente estarán criticándote, y no por eso significa que tendrás que hacer lo que ellos te dicen. Que las críticas te importen una mierda, y haz lo que te gusta sin miedo a un qué dirán... aunque está demás decirlo, porque cuando se hace lo que se ama, créeme que ni siquiera te darás el tiempo de escuchar críticas inservibles.
7.- Si ya estás en una carrera universitaria, y no te gusta para nada, ni siquiera te gusta el futuro trabajo que tendrás ¡No desperdicies más tiempo! Vete de ese lugar y elige uno que te haga feliz. Hace un tiempo leí un artículo que decía que a los 17-18 años, no se tiene percepción segura sobre lo que realmente te hará feliz a largo plazo, y que a esa edad, sólo se tienen pequeños indicios de gustos que podrían aportar a esta felicidad. Así que es más que común que una gran parte de los jóvenes se arrepienta de estar estudiando su primera carrera universitaria. A mí me pasó, a mi hermano, a mi hermana, a mis tíos, a mis tías, y a un millón de personas más. Así que no tengas miedo de salirte de esa carrera que no te gusta, y donde no te visualizas feliz en el futuro. Todos cometemos errores, somos humanos, y esos errores siempre nos hacen madurar y dar cuenta de quién somos y orientarnos hacia donde vamos.
8.- La edad no es impedimento para empezar a estudiar lo que te gusta. Hay muchas personas que no se salen de la carrera que estudian para seguir sus sueños, sólo porque sienten que son muy mayores y que ya pasó el tren de elección de carreras, pero en realidad, lo único que hacen al hacer esto, es desperdiciar más tiempo. La vida es demasiado corta, sí, es por eso mismo que si te das cuenta que no estás haciendo lo que te hace feliz, empieza a hacerlo, porque uno nunca sabe lo que puede pasar al otro día, y dudo que alguien quiera llegar al término de sus días, pensando que no hizo lo que realmente le gustaba.
9.- Y mi último consejo. Haz lo que te haga feliz. Y quizás lo dije en todos los puntos anteriores, pero no está demás repetirlo. Gente, hagan lo que los llena y lo que los hace feliz. No tengan miedo a vivir la felicidad por temor a esta sociedad que se ha criado pensando que la felicidad significa dinero y bienes materiales. ¡Vivan la felicidad! Que la vida se nos puede escapar en un segundo.
Espero de verdad que mi experiencia y mis consejos les ayude en algo, hice esta entrada con todo el corazón, y me siento feliz de poder compartir todo esto para orientar a alguien que quizás se encuentra un poco perdido.
Besos.